miércoles, 25 de agosto de 2010

"La Rana Y El Escorpión"

Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo:

- Amiga rana, ¿puedes ayudarme a cruzar el río? Podrías llevarme en tu espalda...

- ¿Que te lleve en mi espalda? - contestó la rana -. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda, sacarás tu aguijón, me picarás y me matarás. 

- No seas tonta - le respondió entonces el escorpión - ¿No ves que si te pincho con mi aguijón, te hundirás en el agua y que yo también me ahogaré?

Entonces, tras unos momentos, la rana se dirigió al escorpión y le dijo:

- Mira, lo estuve pensando y te voy a ayudar a cruzar el río.

El escorpión se colocó sobre la resbaladiza espalda de la rana y empezaron juntos a cruzar el río.
Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, el escorpión picó con su aguijón a la rana. De repente la rana sintió un fuerte picotazo y cómo el veneno mortal se extendía por su cuerpo. Y mientras se ahogaban juntos le dijo al escorpión:

-¿Por qué lo has hecho?

A lo que el escorpión respondió:

- Lo siento, no pude evitarlo. Está en mi naturaleza.



Creo que lo he dicho todo.

jueves, 19 de agosto de 2010

"Un Buen Verano"

Señores y señoras, damas y caballeros, vengo a presentarles la idea de lo que para mí ha sido, posiblemente o al menos así lo recuerda mi memoria, el mejor verano de mi vida.

Puede que no haya sido el más lujoso, el más cómodo, ni siquiera el más tranquilo, pero ha cambiado mi forma de ser. Este año cambiaré mis estudios por completo como ya dije antes y ni siquiera son los que deseo desde que era niño, pero son los que quiero hacer y ya queda menos de un mes para empezar Historia del Arte, así que como podréis adivinar una visita turística de una semana a Roma es un buen inicio, lástima que no hubiera arte gótico, lo habría disfrutado un poco más, aunque debo decir en su favor que el Renacimiento despierta demasiado interés en mí como para permitirme pensar en el eso durante mi estancia.

Tras una semana de caminatas por la ciudad eterna, una semana por la capital española nunca viene mal, y mucho mejor cuando allí te espera tu gente. Esos días allí fueron lo que necesitaba para desfogarme un buen rato de mi frikismo particular y para estar con la gente que quiero. Echaré de menos aquellos días, tardes y noches, pero sé que dentro de no mucho se repetirán. Lástima que no me gusten las despedidas, porque sabía que tendrían que llegar, pero tuve que darle otro giro radical a mis vacaciones.

Sin un sólo día de descanso en mi casa (lo cual era urgentemente necesario, ya que las camas de hasta entonces no eran ninguna maravilla), marché de visita familiar a la no menos pintoresca Marsella, exactamente a Saint Rémy de Provence, lugar de nacimiento de Michel de Nôtre-Dame, más conocido como Nostradamus. Realicé visitas a diferentes puntos de la zona, recorriendo lugares como reductos cátaros, castillos templarios o lugares con dudosas conexiones cristianas. El sur de Francia, una de las zonas con mayor interés que haya conocido jamás.

Aquí podría terminar todo, pero no. Estando en Saint Rémy, tierra de profecías, no podía marcharme sin tener una iluminación, la verdad es que este año no fue un año fácil, pero las fiestas de allí me hicieron cambiar por completo mi forma de ver la vida.

Eran las diez y media de la noche de un caluroso viernes trece de Agosto de 2010 en la plaza de Saint Rémy de Provence. Un incauto yo se dirigía a ver inocentemente unas vaquillas junto a su familia, estábamos todos dentro del vallado hasta que decidí cruzarlo pensando que tampoco pasaría nada, así que fui para dentro, mi sobino de trece años pasó el vallado quedándose agarrado a él por si tenía que volver a entrar. Hasta aquí todo normal, vaquillas para un lado, vaquillas para el otro... sólo se trataba de esquivarlas con un buen espacio de distancia, nada complicado.

De repente una de ellas (con la divertida costumbre de no ponerles protección en los cuernos para evitar las cornadas) comienza a correr junto a las vallas dirigiéndose hacia la zona en la que yo me encontraba, obviamente tenía que proteger antes que a nadie a mi sobrino, así que lo empujé hacia donde estaba toda mi familia, aprovechando esa breve distancia, un "jetas", porque no hay otra forma para llamarlo, se metió en el sitio donde debería haber ido yo. La vaquilla no paró de correr mientras esto sucedía, así que, como comúnmente se dice, se me pusieron de corbata (no voy a intentar hacerme el hérore porque no procede). Justo a una distancia de unos dos o tres metros de mí, la vaquilla empezó a girar esquivándome y haciendo que mis dos amigos corbatiles recobraran su posición original.

En aquel momento me vino un subidón de adrenalina que ya no me dura pero que me hizo ver que la vida puede ser tan asquerosamente corta que no merece la pena perderla en lamentarse de lo que hacemos o dejamos de hacer, que merece la pena querer, pero no llorar el no ser correspondido, aunque sí alegrarse si uno lo es, que muchas veces hacemos montañas de granos de arena y que esos granos de arena son sólo molestas chinas en el metafórico zapato de la vida que con una sacudida pueden sacarse y seguir caminando tranquilos porque, al fin y al cabo, sólo vivimos una vida, y para vivirla plenamente sólo tenemos que mirar hacia delante porque como dijo el obispo Aringarosa en "El código Da Vinci": "Hoy es hoy, pero mañanas hay muchos".

Para terminar quiero dar las gracias a una persona muy especial por hacer que los días en Madrid fueran tan únicos y especiales, ella ya sabe quién es.