martes, 10 de noviembre de 2009

"De cómo descubro una vez más que, al final, todo se sabe"

Hay cosas que puedes callarte, pero no se pueden esconder por mucho tiempo, y es que tres meses, para según qué cosas, son una eternidad... Sí, otra vez la idea de que el tiempo y el espacio son relativos... pero es que siempre van a coincidir en el peor momento. Llevo toda una vida pensando que hay ciertas cosas que no se deben decir si quieres mantener la normalidad, pero siempre habrá gente como yo, que es incapaz de mantener la boca cerrada cuando no tiene nada que perder.

Si alguna vez llego a cambiar esto, sé que ya no seré yo, o al menos un yo al que no le importa nada, y sinceramente, creo que estoy empezando a cambiar, estoy empezando a hacer cosas que dije que nunca haría, que no recomiendo hacer, que no me gustan... pero cuando ya no queda nada, refugiarse en los estudios, en los libros, en la cultura, la música... te hace pensar que puedes llenar ese vacío, pero nunca, y repito, nunca lo llena, pueden pasar horas, días, meses, desde que pretendes llenar ese hueco hasta que te das cuenta de que algo, lo que sea, una persona, un olor... algo, te hace volver atrás para ver que, en el fondo, sigues siendo aquel niño de 14 años que perdió el tiempo atascándose en su propio agujero y que, ya tengas 18 ó 50, siempre estará ahí, llorando en un rinconcito de nosotros hasta que vuelves a verlo y te señala con un dedo, haciéndote sentir culpable por lo que has hecho o dicho y que te hace recordar.

Resulta difícil avanzar, o al menos intentarlo, cuando sabes que pienses lo que pienses y sientas lo que sientas, por tu culpa, una vez más al final, todo se sabe.

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